
Por años, los jóvenes habían liderado el ranking del Reporte Mundial de la Felicidad, que se empezó a publicar en el año 2012 para medir los índices de este sentimiento en el mundo. A partir de 2021, sin embargo, las cosas empezaron a cambiar. En las regiones que suman la mayor cantidad de países pertenecientes a la OCDE, los más económica y socialmente desarrollados, los jóvenes dejaron de encabezar el índice.
En el reporte 2024, a pesar de que los miembros de la generación z seguían siendo los más felices en el promedio mundial, ya no lo eran ni en Europa Occidental ni en Estados Unidos ni en Oceanía. En la primera región se igualaron al resto de grupos de edad, a la vez que en las otras incluso pasaron a ocupar la última posición.
Esta tendencia de infelicidad entre los más jóvenes se repite en países concretos, como España. De acuerdo con el Estudio 2024 de Felicidad Global de IPSOS, entre los españoles los boomers son los más felices (un 71% se declara así) y los miembros de la generación z los que menos (un 61% dice serlo).
Este fenómeno es uno de los más particulares de los centennials y se analizará detalladamente en el curso ¿Cómo comunicarse con la generación Z?, que se desarrollará por videoconferencia a partir de septiembre de la mano de la universidad del Grupo Perfil y la Universidad del Sur de Buenos Aires.
Las clases serán impartidas por el equipo de investigación del libro Polarización, soledad y algoritmos. Una radiografía de las nuevas generaciones: Antoni Gutiérrez-Rubí, Santiago Castelo, Guadalupe del Valle y Franz von Bergen. En el texto, se repasan las posibles causas económicas detrás de la infelicidad y el pesimismo de la generación z, las cuales tienen consecuencias sociales y políticas profundas que también se estudiarán.
Desde hace ya varios años, tres factores se han conjugado para frenar el progreso económico de los jóvenes: el desempleo, la precariedad laboral y la falta de acceso a la vivienda. En España, el cóctel es especialmente dañino, con datos inferiores a la media de la Unión Europea en las distintas categorías.
No es extraño entonces que cuando IPSOS pregunta por la felicidad en el ámbito económico, los españoles miembros de la generación z se muestran especialmente negativos: sólo un 45% dice estar satisfecho respecto a este asunto, 19 puntos porcentuales por debajo de los boomers.
La principal consecuencia de la mala situación es la dificultad o imposibilidad para independizarse. En 2021, la tasa de emancipación en España llegó al peor dato de la historia: no era posible para el 85% de los jóvenes, según el Observatorio de Emancipación.
En EEUU se repite una situación similar. Si en la década de los 60 la cantidad de jóvenes de entre 18 y 30 años que vivía con sus padres cayó por debajo del 30%, desde entonces no ha parado de crecer y en 2020 superó el 50%.
La falta de autonomía económica hace que los jóvenes se cuestionen su futuro y su plan de vida. En los focus groups hechos para el libro, varios de los participantes repetían con frustración que sus padres tenían la certeza de que con esfuerzo y estudios tendrían un trabajo digno que les permitiría mantenerse. Ellos sienten que no tienen esa seguridad aunque hagan las cosas bien.
Ese sentimiento lleva a muchos a mirar el futuro con pesimismo, lo que abre la puerta a la posibilidad de que apoyen opciones políticas extremistas que cuestionan el funcionamiento de las cosas y la capacidad de la democracia para proporcionar soluciones.
El escenario es complejo y existe el riesgo de que se dificulte aún más a medio y largo plazo. Según cálculos del Fondo Monetario Internacional, hasta un 60% de los empleos en las economías avanzadas podría verse afectado por la implantación de la Inteligencia Artificial. Los jóvenes lo saben. Por eso también muchos son ahora más pesimistas cuando se gradúan de la universidad.