
Las redes sociales han desarrollado una importancia creciente en la transmisión y consolidación de nuevos modelos de masculinidad entre los chicos jóvenes. Investigaciones recientes alertan que esta situación tiene graves consecuencias psicológicas y sociales y amenaza con acentuar la brecha de género inédita que ya se ve entre los miembros de la generación Z.
En EE. UU., Common Sense Media estima que casi tres de cada cuatro adolescentes de entre 11 y 17 años consumen de forma regular contenidos relacionados con la masculinidad en canales como TikTok, YouTube o Instagram. La atención que se da a estas piezas no es algo voluntario, sino que surge de las sugerencias hechas por los algoritmos de las plataformas, que priorizan estos contenidos por la alta retención de audiencia que tienen entre los chicos.
El estudio detalla que casi el 70% de los adolescentes comenzó a ver estos videos porque aparecieron en sus secciones de recomendados sin haberlos buscado previamente. Tras empezar a verlos, muchos se engancharon. Aunque buena parte dice que lo hace por entretenimiento, un porcentaje significativo los considera algo más: una guía para su comportamiento. Según otro informe, elaborado por YPulse en EE. UU. y Europa, el 40% de los menores de 39 años encuentra estos vídeos inspiradores y motivacionales.
Estas publicaciones promocionan una visión de la masculinidad muy particular. Según Common Sense Media, hay cinco grandes ejes temáticos en los contenidos predominantes: hacer dinero, desarrollar un buen físico, las luchas y las armas, estereotipos misóginos y reforzar la figura del hombre como proveedor y protector. Estos mensajes refuerzan una visión limitada y tradicional de la masculinidad, alejada de perspectivas más inclusivas, igualitarias o sensibles.
Uno de los datos más reveladores del informe es que casi la mitad de los adolescentes cree que ser un hombre exitoso equivale a «hacer mucho dinero». Este concepto refuerza el vínculo entre masculinidad y productividad, dejando de lado otros valores como el cuidado, la empatía o la inteligencia emocional.
Más allá de la divergencia ideológica entre chicas y chicos de la generación Z —cada vez más marcada, según diversos estudios—, estos contenidos tienen un impacto directo en la salud mental de los varones jóvenes. Aquellos con mayor exposición a estos mensajes muestran niveles más bajos de autoestima, más dificultad para expresar emociones, mayor presión por alcanzar ciertos estándares físicos y más sensación de soledad.
Entender esta nueva concepción de la masculinidad es clave para comprender por qué entre los chicos de la generación Z se da respaldo a partidos políticos conservadores y de extrema derecha, a la vez que empieza a surgir una idea de victimismo frente al avance de la igualdad de género. En el estudio de YPulse, un 48% de los jóvenes de ambos sexos encuestados considera que los hombres están empezando a perder su posición en el mundo, mientras que el 67% ve a las mujeres en su mejor momento de la historia.