Conectados pero solos, la realidad de muchos de la generación Z

Nunca había habido tantas formas de comunicarse. Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales han aumentado la conectividad y hacen más fácil que nunca mantenernos conectados con otras personas, tanto cercanas como lejanas. Sin embargo, paradójicamente, la primera generación que se ha criado con todos estos avances al alcance de la mano se encuentra más sola. Y no por voluntad propia.

Según el Estudio social sobre la soledad hecho por 40dB en España en el año 2023, un 36,9% de los menores de 25 años se han sentido solos en el último año. Eso es más que en cualquier otro grupo de edad. Aunque buena parte de las medidas contra la soledad no deseada se concentran en los adultos mayores, estos son los que menos admiten sentirla.

La situación no se limita a España. En EE. UU., desde 2010 ha caído en alrededor de 15 puntos porcentuales la cantidad de jóvenes que dice salir con sus amigos al menos dos veces por semana. Además, en los últimos 20 años se ha reducido en más de 35 puntos porcentuales la cifra de encuentros cara a cara que tienen los estadounidenses menores de 25 años.

Impacto en la salud mental

El mayor problema de esta situación es que la soledad no deseada está asociada a los trastornos de salud mental. Según el mismo estudio de 40dB en España, un tercio de los que la sufren también tienen problemas de este tipo, mientras que el porcentaje de prevalencia baja a casi 1 de cada 10, entre quienes no se sienten solos.

De acuerdo con el Barómetro sobre la percepción de la soledad no deseada del año 2024, en España, la mayoría de quienes dicen sufrirla la asocian con tristeza y desamparo, lo que se relaciona con la depresión y la ansiedad. Además, el 12,5% de la generación z y de los millennials consideran que no tienen a nadie que les ayude cuando tienen problemas.

El estudio también advierte que entre los jóvenes solitarios aumenta el uso de las redes sociales, lo que tiende a aislarlos más. En los focus groups hechos en Madrid y Barcelona para nuestro libro Polarización, soledad y algoritmos. Una radiografía de la generación Z, una de las frases más repetidas por los jóvenes era que el uso de redes les alejaba de sus amistades y conocidos.

Esto tiene un impacto importante sobre la sociedad. Según Marc Dunkelman, autor del libro Vanishing Neighbor, las redes sociales refuerzan los lazos sociales cercanos y lejanos, pero debilitan los lazos medios, aquellos que usualmente tenemos con compañeros de trabajo, vecinos u otros miembros de nuestras comunidades que no tienden a pensar igual que nosotros.

La principal consecuencia es que las personas se encierran más en sus propias burbujas informativas y de opinión, las cuales comparten con amigos, familiares cercanos e influencers o miembros de comunidades online. Eso incrementa la desinformación y la desconfianza.

Se genera un círculo vicioso que alimenta la tendencia antisistema que caracteriza a muchos jóvenes y que se describe en el libro de Antoni Gutiérrez-Rubí. El resultado es un debilitamiento de la democracia y una visión pesimista del futuro.