
Históricamente, las brechas en el consumo de información han estado asociadas a variables socioeconómicas como el nivel de ingresos o el nivel educativo. Sin embargo, con la generación Z, la situación ha cambiado y la edad se ha transformado en un factor determinante a la hora de escoger las fuentes a través de las cuales se obtienen noticias.
Las y los jóvenes menores de 30 se informan cada vez más usando las redes sociales, especialmente a través de canales como Instagram, TikTok y YouTube. Por su parte, los mayores siguen prefiriendo los medios tradicionales, primero la televisión seguida de la radio y la prensa online u offline.
Esta es una tendencia que se repite en prácticamente todo el mundo. En España, por ejemplo, datos del CIS de 2023 advierten que el 81,4% de los menores de 25 dice tener las redes sociales como fuente informativa, porcentaje que baja a 40,7% entre el resto de grupos de edad (ver más en la infografía). Lo mismo ocurre en Reino Unido y EEUU, de acuerdo con datos del Oliver Wyman Forum, y en Latinoamérica, donde en la mayoría de los países más del 60% de la población recurre a las redes para informarse, según el Digital News Report 2023 del Reuters Institute y Oxford.
Y no sólo es que los centennials recurren a nuevas fuentes de información, sino que en muchos países incluso desconfían de los medios de comunicación tradicionales y de los periodistas. Uno de los casos más destacados es el de EEUU, donde los menores de 30 años son el grupo de edad que menos confía en ellos, según datos del Pew Research Center.
Los cambios en los hábitos de consumo informativo son uno de los temas que se abordan en detalle en el libro Polarización, soledad y algoritmos. Una radiografía de la generación Z. La situación tiene dos consecuencias principales: el surgimiento de un nuevo ecosistema mediático y la fragmentación de la esfera pública.
Plataformas como TikTok, Instagram y YouTube tienen ahora mucho más peso a la hora de posicionar temas y eventos de actualidad entre los jóvenes y contribuyen decisivamente a moldear sus opiniones. En estos canales, los y las influencers reciben más atención que periodistas y medios, según el Digital News Report 2024.
Esto hace que quienes se informan a través de las redes vivan en una esfera pública que puede ser radicalmente diferente a la de quienes consumen noticias en medios tradicionales. Varían los asuntos que generan interés y los líderes de opinión que influyen en cómo se ven esos temas. Además, como los algoritmos ofrecen contenidos a la carta, ni siquiera todos los que se informan a través de las redes conviven en una misma esfera pública. Se crea una diversidad de espacios que muchas veces tienen escaso contacto entre sí, generando riesgos importantes. Las cámaras de eco y los filtros burbuja de las redes hacen más complicado contrastar la información, lo que puede hacernos más vulnerables ante fake news y teorías conspirativas.
Por otra parte, se puede propiciar una desconexión con las comunidades físicas más próximas. Por ejemplo, un estudio del Pew Research en EEUU reveló que desde 2016 ha caído de manera significativa el seguimiento de las noticias locales, especialmenteentre los menores de 30 años.